Las ruinas que aún arden

by Poemas Godotte

Hay algo en el tiempo
que no sabe marcharse del todo.

Se queda, suspendido,
como una ciudad antigua enterrada bajo otras ciudades,
respirando en silencio,
esperando el descuido de un recuerdo
para volver a la superficie.

Habita en la curva de una tarde cualquiera,
en la forma precisa en que la luz cae
sobre lo que ya no está,
en el eco de una voz que no regresa
pero tampoco se extingue.

No es memoria,
porque la memoria obedece,
se ordena, se invoca.
Esto no.

Esto es Troya ardiendo eternamente
dentro de mis días,
una guerra que terminó
pero nunca se fue del todo.

Es el caballo de madera
que dejé entrar sin sospecha,
la grieta por donde lo inevitable
aprendió a nombrarme.

A veces vuelve
como un gesto mínimo,
como la sombra de un roce incompleto,
como si el cuerpo guardara
una versión más fiel de la historia
que la que mi mente intenta corregir.

Y entonces comprendo
que el tiempo no es una línea,
ni siquiera un círculo.

Es Sísifo repitiendo su condena,
empujando instantes cuesta arriba
solo para verlos caer de nuevo
en el mismo lugar del pecho.

Porque lo que fuimos
no se ha ido.

Se transformó
en una presencia sin forma,
en un idioma que solo existe
cuando cierro los ojos,
en una necesidad absurda
de buscarte en todo
aunque ya no estés en nada.

Y, sin embargo,
hay una belleza cruel en esto.

Como Orfeo, lo entiendo demasiado tarde:
no es la muerte lo que separa,
sino el instante en que uno mira atrás.

Y yo he mirado.

He mirado tantas veces
que ya no sé si te pierdo
o si me pierdo a mí
en el acto de seguir buscándote.

Porque hay fuegos
que no fueron hechos para apagarse,
solo para aprender a arder distinto.

Y aquí estoy,
habitante de una ruina que respira,
devoto de un pasado que no cede,
cargando una llama
que el tiempo prometió extinguir
pero que, terco,
sigue pronunciando tu nombre
en cada cosa que termina.

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