Esperamos que el mundo se detenga ante nuestros pies,
que la tierra reconozca nuestros pasos como sagrados,
que el viento susurre nuestros nombres
y las estrellas reordenen sus constelaciones
para formar el mapa de nuestros sueños
Queremos tener razón siempre,
que cada argumento que construimos
sea una catedral inquebrantable,
que nuestras verdades se vuelvan universales
y que el cosmos asienta con reverencia
a cada palabra que pronunciamos
Necesitamos ser parte de algo más grande,
fundirnos en corrientes que nos lleven
hacia costas de pertenencia absoluta,
donde cada latido encuentre su eco
y cada respiración sea coro
en la sinfonía de los elegidos
Pero el cometa Halley regresa cada setenta y seis años
sin consultar nuestros calendarios,
sin preguntarnos si estamos listos.
Traza su órbita milenaria
indiferente a nuestras esperanzas,
sordo a nuestras súplicas,
ciego a nuestro llanto
Las mareas suben y bajan
siguiendo el pulso lunar,
no el ritmo de nuestros corazones ansiosos.
Los salmones remontan los ríos
hacia sus lechos de muerte y nacimiento,
ignorando que hemos construido ciudades
en las orillas de su desesperación
Las hojas caen en otoño
aunque hayamos declarado
que preferimos la primavera eterna.
Los terremotos fracturan la corteza
sin leer nuestras cartas de protesta,
sin respetar nuestros planes de felicidad
Y nosotros, pequeños arquitectos de la urgencia,
seguimos esperando que la realidad
se adapte a nuestros planos perfectos,
que el mundo gire más lento
cuando necesitamos tiempo,
que acelere cuando nos aburre la espera
Creemos que nuestro dolor debe mover montañas,
que nuestra alegría puede detener las tormentas,
que nuestro amor reescribirá
las leyes de la física
Pero los glaciares se derriten
a su propio ritmo geológico,
las galaxias se alejan unas de otras
expandiendo el universo
sin pedir nuestro permiso
El mundo no espera.
No se adapta.
No negocia
Simplemente es,
y seguirá siendo
cuando nuestras voces sean
apenas ecos en el viento,
cuando nuestros nombres
se borren de las lápidas,
cuando nuestras ciudades
sean arena y nostalgia
La sabiduría no está
en esperar que el mundo cambie,
sino en aprender a danzar
con su indiferencia sublime,
en encontrar belleza
en su obstinada permanencia,
en aceptar que somos
notas fugaces
en una sinfonía
que comenzó antes que nosotros
y continuará después
El cometa Halley volverá
en 2061,
y la mayoría de nosotros
no estaremos aquí
para saludarlo
Pero él vendrá,
puntual como siempre,
brillando su luz fría
sobre nuevos ojos asombrados
que también esperarán,
inútilmente,
que el cosmos
los reconozca
como el centro
de todo lo que existe.
