Te veo con el vestido blanco
y recuerdo tus rodillas embarradas
Estoy feliz. Y triste. Las dos cosas.
Como cuando te enseñé a nadar
y te solté en el agua profunda
Hoy te suelto otra vez.
Hacia otra casa, otro nombre, otra vida
Pero escucha:
Aunque el mundo te llame esposa, madre, arquitecta,
yo seguiré llamándote «mi niña»
Ese nombre no tiene fecha de vencimiento.
Ni firma que lo borre.
Ni distancia que lo apague
Yo seré tu padre hoy.
Mañana.
Y en todos los mañanas que vengan
Incluso cuando yo ya no esté
y te acuerdes de mí
viendo a tu hija embarrarse las rodillas
Ve tranquila.
El amor no se divide.
Solo crece.
