Las amarras están echadas, solo el movimiento del vaivén de las olas recuerda las numerosas aventuras por los mares y los confines del mundo
Solo queda el recuerdo de las noches estrelladas, del reflejo de la luna hacia el horizonte
Los momentos en las tempestades y cómo se izaba la vela mayor
Cómo el sol quemaba la piel junto al rocío de las olas
Pero están las huellas dejadas en puerto, las historias que se han vivido en tierra firme
Quedan los olores de las flores en primavera, las heridas de los árboles en otoño
Las calles inundadas de las hojas color barro
El perfume de la tierra mojada con café
El ladrido de los perros, el cantar de los pájaros
Quedan tantas cosas, sobre todo lo que he recibido sin merecerlo, sin ser mío, solo porque sí
Quedan los esfuerzos para llegar, para partir, para ser y dejar de ser
Queda todo lo que di y lo que negué
Queda lo deseado, lo querido
Se deja lo odiado, lo único, el todo
Es difícil soltar amarras, pero debe hacerse, no porque quiera, sino porque debe ser.
