La noche se tornaba más oscura cada vez. Pocas luces en los frentes de las casas quedaban encendidas, lo que suponía que ya iban a dormir, aunque las que amanecían encendidas introducían dudas, y abrían esperanzas.
Tenía ansias muy altas, asi que se decidió sin importar las consecuencias. Logró desconectar el equipo de video de la casa. Sabía que tendría un discusión airada, otra vez, por llevarse algo de casa y venderlo. Ya lo había hecho otras veces, tantas veces que podía recitar de memoria las reprimendas de su madre. Su padre no opinaba, simplemente callaba y toleraba. Cualquier queja se la hacía a su esposa, a la cual acusaba de ser la culpable de su comportamiento, sus continuos abusos y la falta de carácter para enfrentar la vida.
Los problemas habían empezado a salir a luz hace 5 años, cuando tenía apenas 17 años. En ese momento, su padre trató de imponer su autoridad mediante castigo físico, pero no tuvo mucho efecto. El niño se había vuelto un hombre, más alto, más fuerte, y sobre todo muy contestario. El padre no pudo hacer que su hijo volviera a estar bajo su sombra, y la única solución que le quedaba, según su criterio, era sacarlo de la casa, lo cual hizo; pero no duró mucho. Su madre intercedió por el joven, y juró que su hijo cambiaría, que Dios haría la obra, y volvería a ser el niño obediente y sano que siempre fue.
El muchacho llevaba el sistema de video en una funda que encontró en la cocina, le puso periódico para protegerlo de los golpes, en caso que se cayera, y empezó a caminar por todo el barrio en busca de una luz encendida que indicara que todavía estaban despiertos, lo que daría la posibilidad de hacer una venta rápida. Mientras más avanzada está la noche, más rápidas se hacen las negociaciones. No sabemos si es por el cansancio, la falta de luz o la desesperación de la obtención de dinero que es escaso a esas horas.
Fue transitando entre calles y callejones en busca de un lugar de negocios. Se detenía a mirar entre hendijas y huecos que permitirán verificar si alguien estaba despierto. Duró más de 2 horas buscando, hasta que logró ver a un señor que todavía estaba en la sala de su casa viendo el televisor.
Se acercó a una ventana y empezó a pitar suavemente hasta que unos cuantos minutos más tarde, logró captar la atención de su posible comprador.
El señor miró por la ventana, y se percató quién era. Lo conocía, a él a todos los que vivían en el barrio. Una de las características de los barrios es que casi todos se conocen. Suelen llevar vidas compartidas, en lo que lo social se refiere. Cada uno se sabe, en detalles, lo que sucede en las casas de los demás.
El señor abrió, se sonrió a sus adentros, y preguntó: «¿qué estas vendiendo?». El muchacho de manera nerviosa sacó el equipo y se lo mostró. Le dijo que estaba nuevo, que era la mejor marca y que lo daría barato. El señor lo tomó en las manos, y luego de parecer poner una cara de experto, espetó que no, ya que no lo necesitaba. Esto puso más nervioso al muchacho, quien trató de explicar todas las bondades que tenía, pero todo esto no logró ningún cambio en el señor.
La desesperación ya estaba en las nubes, y el muchacho le ofreció darlo por dos mil pesos; el equipo valía diez mil nuevo. El señor volvió a mirarlo, y luego de una reflexión, le ofreció mil. El vendedor abrió los ojos, respiró profundo con un aire de frustración, se puso las manos en la cabeza, y con los ojos húmedos, aceptó la oferta. El señor tomó el equipo, le indicó al muchacho que esperara, y diez minutos después se apareció con dos papeletas de quinientos. Se las pasó al vendedor, y este salió caminando con un ritmo acelerado y no se detuvo hasta llegar a una esquina donde estaba un grupo de hombres sentados en la acera, mientras hablaban en voz baja. Cuando lo veían venir, uno se paró a observar quién era que venía casi corriendo, y lo logró divisar como a doscientos metros de distancia. Se sonrió y le informó a los demás quién era. Los demás siguieron conversando, hasta que llegó el muchacho a su destino. Le pasó los mil pesos a uno de los que están sentados en la acera, este miró bien las dos papeletas de quinientos, le hizo un seña al que estaba parado, y este se movió hacia un lugar escuro, y volvió con algo entre las manos. Se lo pasó al muchacho, quien estaba tan nervioso que no podía estar de pie. Tomó lo que le pasaron entre sus manos, lo miró, y lo agarró con fuerzas entre su mano izquierda, y salió corriendo hacia au casa. Ya allá, abrió la mano, sacó una pequeña bolsa, y de ella sacó algo que parecía una pequeña piedra de color ámbar, la colocó en un artefacto que simulaba una pipa, la calentó en el artefacto, un momento después se escuchó un sonido de que algo se agrietó, siguió calentado, e inhaló con fuerzas. Todo se nubló, sentía cómo iba perdiendo el sentido, y las fuerzas desaparecían, cayó en el suelo, y parecía que estaba muerto.
