Lo usé
Mi cuerpo
Y no me da vergüenza decirlo
Lo usé como se usa el último fósforo
en una noche fría
Como se muerde una fruta madura
antes de que se pudra en la mesa
Fui mía
Entera
En cada cama donde no me prometieron nada,
pero donde yo elegí quedarme
un rato
A veces lo hice por deseo,
otras por rabia,
y más de una vez
por no quedarme sola con mi sombra
Pero nunca, nunca,
para llenar un vacío
Que no me vengan con eso
No fui objeto de nadie
Fui incendio
Fui tormenta breve
Y si alguien no supo cómo tocarme,
no fue mi culpa
Me encantó sentirme piel,
sentirme pulso,
sentirme vida latiendo contra otra vida
No pedí flores
No pedí que se quedaran
Pedí que me usaran con la boca,
que me apretaran el alma con los muslos,
que me dijeran cosas que no dijeran nada
pero me hicieran reír
después
¿Es pecado eso?
¿Gozar sin cadenas?
¿Sentir sin facturas emocionales?
Que me juzgue quien quiera,
yo me conozco
Y sé que cada vez que cerré los ojos
y dejé que las manos me leyeran como un libro sin tapas,
lo hice despierta,
presente,
sin culpa
Nadie puede decir que no me viví
Que no me supe
Que no me recorrí desde dentro
hasta afuera
¿Quién dijo que las mujeres tenemos que esperar
a que nos amen para abrirnos?
No
Yo abrí porque quise
Porque algo adentro mío rugía
y me negué a callarlo
Y si un día la edad me alcanza
y ya no tiemble igual cuando me toquen,
podré mirarme al espejo
y saber que no me guardé
ni una sola caricia
por miedo a caer mal
Lo usé
Mi cuerpo
Con dignidad
Con hambre
Con alegría Y si eso molesta,
es porque aún hay quien no entiende
que el placer también puede ser
una forma de libertad.
