Tú y tus maneras, tus formas únicas y solitarias. Eres como la Reina de los Andes, majestuosa, singular. Caminas en solitario, atravesando los senderos mientras dejas una embriaguez perfumada
Vives en tu mundo, en tus verdades, tu luz, tus emociones, tus necesidades, tu princípio y fin, tu infierno y tu paraíso. El entorno se vuelve abstracto, se pierde en tu mirar, se reduce ante tu presencia, cae a un abismo de desapego, de frialdad
Miras con desden, niegas toda afición, omites lo que no crees, lo que no te toca, no que no te llega, lo carente de tu realidad, de tu condición, de pedido, de imaginación
Yo con mi soledad, mi singularidad, mis particularidades, mi yo sin nada más, con los sentidos en un solo punto, una sola estrella, un solo camino. Solo pero acompañado, sin querer otra cosa, al margen del «va y ven»
Nosotros con nuestras individualidades, queriendo no ser y somos, tratando de no andar y andamos, muriendo de ganas y nos quedamos. Así somos nosotros, misántropos, huraños, cartujos, íngrimos; pero al mismo tiempo, felices, unidos, uno para el otro, lejos de los desamores, de las quejas, esperándonos para compartir nuestra soledad.
