Última tierra

by Poemas Godotte

Cierran la tapa y tu rostro
—ese que besé mil veces en la madrugada—
desaparece detrás de madera barnizada

No hay ensayo para esto.
No hay manera de aprender
a soltar la última mirada

Alguien llora más fuerte.
No soy yo.
Ya no me quedan sonidos,
solo este vacío que ocupa
todo el espacio donde estabas

Los hombres se mueven despacio,
como si el tiempo pudiera deshacerse,
como si caminar más lento
te trajera de vuelta

Nadie habla.
Las palabras se rompieron hace días.
Algunos lloran. Otros miran
con ese miedo animal:
¿y si mañana fuera mi hija?

Te llevan en hombros
—tu cuerpo que ya no es tuyo,
que pesa diferente,
que se fue antes que la carne—
y el pasillo huele a flores marchitas
y a promesas que no cumplí

El sonido.
Ese golpe seco de madera
contra concreto.
Ahí quedas.
En un hueco frío
que no es cama,
que no tiene mis brazos,
que no sabe tu nombre

El obrero coloca la lápida.
Cada martillazo es una despedida
que no supe dar.
Golpe: ya no vendrás a casa.
Golpe: tu cuarto se quedó a media luz.
Golpe: aprendí que se puede morir
y seguir respirando

Todos se marchan.
Vienen a dejar algo
y se van con menos.
Yo me quedo parada
frente a tu nombre grabado en piedra
—como si las letras pudieran contenerte—
sabiendo que una parte de mí
se queda contigo en ese silencio,
y que la otra parte,
la que camina de regreso,
ya no sabe cómo se vive.

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