Desperté bajo un manto de dudas. Dudas que nublaban mi pasión, mis ideas, mi propósito, mi yo
Entendí que era normal, que era parte de lo que somos, que esto me hacia más humano, más emocional, más candido. Tal vez, incluso, un ser elegido para entender a los demás. Saber cómo sufrían, como añoraban las cosas que sus corazones pedían. Cómo habían nacido para un propósito, para algo que el destino había preparado para ellos; y yo era parte de ellos
Avancé durante el día, y la lluvia que caía había cesado, los rayos del sol cruzaban la bóveda superior central hasta llegar a mí, pero me resguardé en la sombra de la comodida de la vida, del comportamiento común y rutinario de todos, o por lo menos de la mayoría
Llegué a media tarde, cansado, con medio día de la vida transcurrido; y todo igual. Las mismas casas, el mismo viento, el mismo calor, las mismas historias, la comida de todos los días, solo que todos están más viejos, con menos fuerza, menos esperanzas, y sin dudas…más compromisos
Ha llegado la noche, y estoy solo, sin fuerzas, sin una compañía para charlar mirando a lo lejos, nadie que me quiera emular; nadie. Todos se han ido a acostar. Algunos con compañía, otros solos, igual que yo, pero cada uno con lo que trajo de este día, con lo que compró en el mercado, con lo que pudo y quiso cargar. Ni más ni menos, solo aquello que nos resultó interesante durante el día llegó a nuestra noche, a nuestra cama. Dormirá con nosotros, compartiremos una almohada, un sueño, un sonido lejano de pasos apurados, y amanecerá, o tal vez no.
