A esta hora de nadie,
cuando los relojes callan su goteo inútil
y el mundo finge dormir en paz,
mi alma se abre como un libro húmedo
que ya nadie lee
No es tu voz la que falta,
es el eco que no sabe a dónde ir.
Todo lo que no dijimos
se posa ahora sobre los muebles
como polvo obstinado
El viento no trae tu nombre,
pero algo en su tacto
me recuerda el frío de tus adioses.
No te has ido del todo,
sólo cambiaste de silencio
Los días han seguido su marcha
como trenes sin pasajeros,
y yo permanezco en la estación
viendo partir cosas que ya no espero
No fue amor, tal vez,
pero fue lo más cercano al incendio.
Y aún busco en las brasas
algún sentido,
algún susurro que me devuelva
al instante antes de perderte
No escribo esto por ti.
Lo sé ahora.
Escribo porque si no lo hiciera,
el dolor tendría que encontrar otra forma
de quedarse.
