Al final del día

by Poemas Godotte

Antología: Voces que se apagan con dignidad

Poemas escritos para quienes han vivido sin manual, con heridas, con amor torpe, con coraje, con miedo; pero, sobre todo, con verdad.

Dedicatoria

A quienes llegaron sin haberlo entendido todo,
pero con el alma en paz.
A los que supieron soltar,
perdonar,
y sentarse en silencio consigo mismos
antes de que se hiciera de noche

Al final del día

El sol cae lento tras el cerro,
como ese caballo viejo
que ya no levanta trote
pero sigue en pie.
Y yo, igual,
con la espalda doblada por los años
y el alma…por fin; en paz

Mis pasos, duros como piedra de molino,
han dibujado este camino torcido:
atajos que terminaron en barranco,
cumbres desde donde sólo vi niebla,
y cruces donde debí torcer… y no lo hice.
Qué más da.
El tiempo, ese viejo compadre,
me enseñó que incluso lo mal andado
también lleva a alguna parte

Hubo tardes de orujo y maldiciones,
noches de pelea y dientes rotos.
Amé con torpeza de oso,
herí sin ver la sangre,
guardé orgullos que debieron ser abrazos
Tuve miedo de entregarme,
de decir te quiero a tiempo,
de quedarme cuando debía,
de irme cuando era necesario.
Pero también, en medio de todo,
fui verdadero

Hoy no tengo remordimientos,
porque pedí perdón donde debía,
porque bajé la voz cuando entendí,
porque hice las paces con mi sombra
antes de que se alargara demasiado

Aquí están mis manos:
gastadas como monedas viejas,
pero útiles todavía.
Y esta voz,
ronca de tanto callar y gritar,
de tanto cantar desafinado en las cantinas del alma.
No pido disculpas,
no espero homenajes.
Sólo esta hora tranquila,
este momento exacto
en que todo lo vivido
y todo lo pendiente
se funden en una sola sombra
que se estira serena hacia el poniente

Ese muchacho que fui,
el que soñaba con lo imposible,
el hombre que cargué a cuestas tantos años,
y el anciano que ya asoma
se sientan hoy
alrededor del mismo vaso,
como viejos conocidos
que, por fin,
han dejado de juzgarse

La vida duele, claro,
pero es un dolor conocido,
como el del roble
cuando le crecen nuevas grietas.
No hice todo,
pero lo intenté.
Y eso, créeme,
es más que suficiente

Qué raro milagro haber llegado hasta aquí,
con el corazón machucado pero entero,
habiendo peleado tan mal
y tan bien a la vez

La noche viene,
pero no tengo prisa.
Dejo que la luz se vaya despacio,
como yo mismo,
sin aspavientos,
acariciando la tierra
con mi sombra que se alarga.
Y cuando el día se apague del todo,
no habrá miedo.
Sólo gratitud

Porque lo viví.
Porque lo dije.
Porque lo sentí

Y porque, al final,
supe hacer las paces con todo.

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