La vida nos requiere adaptarnos, ir con la corriente del avance del tiempo, es decir, cambiar
Pero son muchas las cosas que queremos cambiar, demasiadas las que nos piden cambiar y pocas las que necesitamos cambiar
Nos empeñamos en evolucionar de manera instantánea, siempre satisfaciendo a quien tenemos al frente, tratando de ser el cuadro que dibuja en su mente, que sus antojos esperan…mientras nosotros somos la marioneta esperando el jalar del hilo de su decisión para movernos, aunque ese movimiento nos duela
El mundo nos exige dejar de ser nosotros para ser otros, sufrir una constante metamorfosis, dejando nuestra «yo» en cada transformación, hasta llegar a ser «los demás»
Todos dictan reglas y normas bajo las cuales deberíamos vivir y convivir, normas que nos dicen todas las vías de nuestras vidas, lugares donde ir, donde dormir, donde estar
Lo peor es que nos hacemos la idea de que esto está bien, que es lo mejor, que es lo que necesitamos, lo que queremos, lo que nos da vida; al punto que le pedimos la opinión al mismo que dicta las normas, y es ahí, donde afianzamos nuestra decadencia, nuestro final, nuestra pérdida de identidad
La muerte no es solo física, sino también de la falta del «yo», de la falta de la unicidad que deberíamos tener, de aquello que nos hace realmente especiales, sin lo que no dejaríamos una huella qué seguir, no tendríamos nada qué dar a nadie, más que caminar sin rumbo y sin propósito.
