La madre llegó al hospital con su niño de cinco años cargado. Empezó a mirar a todos lados y solo veía mujeres preñadas en busca de asistencia. Al igual que ella, todas pronto tendría un hijo, pero en su caso este sería el segundo
Estaba ansiosa de que alguien le diera asistencia. Miraba frecuentemente hacia afuera donde estaban los vendedores de jugo, empanadas, pan con salami, frutas, entre muchas cosas que solo se podía ver en un mercado agrícola. Miraba bajo la esperanza de que algún doctor o enfermera estuviera saciando su hambre
La búsqueda desesperada de alguien que la ayudara se tornaba cada vez más urgente. Su desesperación se confundía con el olor a amonio, cloro, sudor y un olor fétido que no podía describir
Todo se iba tornando cargado, las personas tenían prisa, el personal del hospital caminaba al margen de los problemas que allí estaban. Esto la angustiaba, y a cada momento miraba a su pequeño hijo que no entendía el porqué del aquel lugar, mucho menos tanta gente junta
Logró acercarse a una ventanilla, y sin permitir que dijera algo, le indicaron esperar su turno. Ella alegó que necesitaba ayuda inmediatamente, que su situación era urgente, que los dolores eran diferentes. La joven que medio la escuchaba, le recordó que allí todos los casos eran urgentes, que esperara su turno
En medio de su desesperación entró a un consultorio y un doctor la miró y le indicó que debía esperar fuera. Con sollozos dijo que necesitaba ayuda urgente. Él volvió a indicarle que saliera, pero esta vez prometió salir a verla en unos minutos, ella sonrió y salió
Duró una hora esperando, hasta que las fuerzas fallaron y se desmayó, sin nunca soltar a su hijo. Una enfermera acudió de inmediato, unos hombres que estaban acompañando a sus esposas ayudaron a cargarla, una de las embarazadas tomó al niño y lo acercó a sus piernas, y lo consoló con «todo estará bien, dios cuida a tu madre»
La madre fue llevada a una sala con varias camas, todas ocupadas. El doctor encargado en la sala decidió juntar dos mujeres en una misma cama para poder disponer de espacio suficiente con el caso que acababa de llegar
Pidió un estetoscopio y auscultó a la parturienta. Palpó por todas partes, como cuando un ciego trata de descubrir lo que tiene frente a sí. Respiró hondo, miró a todos los que estaban en la sala y dijo: «esto es complicado», indicó que sujetarán a la futura madre a la cama de partos, pidió las herramientas y anestesia para hacer lo que sabía que tenía que hacer, y dudó por un momento; corrió las cortinas para aislarse de las demás parturientas e inició…
Hizo una incisión en la pared abdominal de manera horizontalmente cerca del límite del vello púbico, luego en el útero hizo una incisión transversal baja, y empezó a tratar de sacar al bebé. Cuando lo hizo corroboró lo que pensaba, el bebé se había adherido a una masa extraña dentro de útero y hacían un solo cuerpo. El temor era no saber qué se podía comprometer con cualquier corte. Le tomaron el pulso y sintió que iba cayendo, no se sentia casi la respiración de la madre
El doctor dijo en voz baja: «vamos a cortar», y así empezó. Todos los médicos habían ido a la sala para poder ser testigo de este raro evento. La sala se tornó incómoda y fastidiosa
El tiempo había avanzado, era casi medio día. Dentro del hospital había un tránsito constante de platos lleno de comida que iban en todas direcciones. Uno de ellos llegó a manos del niño que estaba ahora bajo el cuidado de un guardián del hospital
El doctor salió, le murmuró algo al guardián, este señaló al niño, el doctor hizo una muesca de insatisfacción, y vociferó, «hay que localizar a la familia. Debemos empezar el papeleo…calló, le pasó la mano por la cabeza al niño, y tomó rumbo a la sala de partos.
