Eres mía, mía en alma, en imaginación, mía porque te pienso a cada instante, cada vez, cada momento. Eres como una flor en una mañana de primavera, radiante y llena de vida. Tu presencia ilumina los días como los rayos de sol en un cielo sin nubes, y tu sonrisa es tan suave como la brisa del mar acariciando el rostro de quien busca una respuesta
Tu silueta me embriaga hasta los huesos, tu piel me incita a la vida, tu boca, cual contorno trazado por el pincel del artista pensando en su musa, enloquece hasta a las estatuas del Partenon
Verte cada día significa la gloria y el infierno. Cargo con la maldición de verte, desearte, amarte, quererte, adorarte, y no poder tocarte, no tener el valor de decir algo…necesito la fuerza de los doce trabajos, el valor de Aquiles, la serenidad de Odiseo para, por lo menos, decir “hola”. Tu simple silueta embarga mi ser con un calor digno del segundo circulo del infierno
Eres sublime como una puesta de sol de invierno, donde los colores del cielo se mezclan en un espectáculo celestial. Tu belleza y encanto son incomparables, y eres una luz que brilla para el encanto de todos, pero al mismo tiempo cegando mi lógica; simplemente soy un mortal más ante tu presencia Lisianthus
Peco con el simple hecho de desearte, pero la muerte más dolorosa sería dulce si estás tú como mi ultimo recuerdo, y es que encuentro en tus ojos el reflejo de un universo infinito, lleno de misterios y promesas. Tu mirada es profunda y sincera, como un mar en calma que invita a sumergirse en sus aguas tranquilas
Con una sonrisa tuya comprendo la existencia de lo divino, una mirada basta para renegar de todo, un simple gesto de tus labios me recuerda que la esperanza da alivio, un recuerdo de ti me ilumina el infinito.
