La muerte ha perdido su esencia, ya no duele, ya no expresa en término de lo acontecido, ni tampoco la duda del mañana; no, simplemente se ha vuelto común, ha sido aceptada, o tal vez simplemente ya no importa
¿No importa la muerte o quien muere?, al final es lo mismo, alguien tiene que morir para que la muerte tenga sentido, para que importe, para despreciarla, para agradecerle…pero nunca ignorarla
El hoy se ha vuelto superfluo, sin esencia, insulso, carente de las emociones que sí son importantes, esas que te permiten permanecer en el recuerdo, aquellas que te afianzan en el entorno; pero solamente tenemos lo nuestro, lo que da satisfacción a uno mismo, en una sola vía, sin importar los demás
Hemos llegado al punto de ser los más importantes, dejando a la orilla del camino todo aquello que no nos de satisfacción inmediata. Lo que nos nos complace se tira por el desagüe, nada más que nosotros es importante, lo que envejece molesta, lo que no siga el ritmo de muestras emociones carece se sustancia, todo gira a nuestro alrededor, somos el punto de inicio y final
Estamos caminando, pero no avanzamos. No sabemos hacia dónde vamos, ni nos interesa. El mañana es molesto, aunque el hoy fue un mañana. Solo queda esperar, que las luces enciendan, que las cortinas se deslice, que el tiempo, que no se detiene, nos cobre la deuda, y tengamos que asistir al juicio de la realidad, mientras las fantasías nos abandonen en búsqueda de alguien que pueda darle vida, y será ahí donde, por lo menos para nosotros, nuestra muerte tendrá importancia.
