Para Arlette
Veintitrés veces el sol ha roto el manto oscuro de la noche para brindarme un día fresco y renovado. Cada alba emergió con una dignidad majestuosa, cada chispa de luz reflejando las sonrisas que solo tú podías y puedes ofrecer
Esos veintitrés amaneceres se transformaron en primaveras que dieron vida al jardín de esperanzas, anhelos y sueños. Cada uno de ellos ha sido único, me ha mostrado el camino de la felicidad, me ha iluminado en los momentos de duda, y ha sido consuelo en las encrucijadas, y me ha permitido ver que, por ti, cualquier obstáculo, incluso el río Aqueronte, sería transitable
Hoy, veintitrés otoños después de lo que fue profetizado, se cumple aquel presagio que ya intuíamos. Y, como el Salmo 23, por ti descanso, y sé que en lugares de paz estaré
Veintitrés octubres más tarde, te ves como la adulta que eres: decidida y en acción. Ahora eres una mujer completa, autónoma, individual, capaz, suficiente. Aunque ya transitaste de niña a mujer; y ya no te puedo cargar entre mis brazos, sabes que mis brazos siempre serán tuyos.
