Poemas Godotte
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Escritos Godotte

A la Muerte

by Poemas Godotte noviembre 16, 2025

Sé que vendrás.
Un martes, quizás,
o un domingo mientras preparo café,
o en medio de una risa que no termina

Llegarás sin golpear la puerta
y me arrancarás del cuerpo
como quien quita la pulpa de una fruta

No te será fácil.
Pelearé.
Me aferraré a esta carne que me duele,
a estos huesos que crujen al levantarme,
a este corazón que late mal
pero late

Te voy a dar trabajo.
Porque cada cicatriz es mía.
Cada beso robado en la oscuridad.
Cada fracaso que me hizo más pequeño
y luego más grande

Las noches que no dormí.
Las mañanas en que no quise despertar
y lo hice de todas formas.
Todo eso es mío
y no pienso soltarlo sin pelea

Vendrás con tus manos frías
a buscar lo que he construido:
los errores que me enseñaron,
los triunfos que apenas alcancé,
las conversaciones que salvaron mi vida,
el sabor del pan recién hecho,
el olor de la lluvia en agosto,
esa vez que casi,
esa vez que sí,
esa vez que nunca

No me iré callado.
Gritaré cada nombre que amé.
Recordaré cada dolor que sobreviví.
Me agarraré de los días ordinarios
—esos que parecían tan poca cosa—
y los convertiré en anclas

Porque estoy acumulando vida para que duela menos
cuando vengas a quitármela

Llegarás, lo sé.
Con tu silencio definitivo,
con tu prisa de quien no negocia.
Y tal vez,
cuando me arranques el último aliento,
descubras que no te llevas todo:
que algo de mí se quedó regado
en las personas que toqué,
en las palabras que escribí,
en el aire que respiré
como si fuera infinito

Pero hasta entonces,
Muerte,
mientras camino,
mientras sangro,
mientras amo y me equivoco y vuelvo a intentar,
sigo siendo mío.
Y eso,
eso no lo suelto.

noviembre 16, 2025
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Escritos Godotte

Última tierra

by Poemas Godotte noviembre 16, 2025

Cierran la tapa y tu rostro
—ese que besé mil veces en la madrugada—
desaparece detrás de madera barnizada

No hay ensayo para esto.
No hay manera de aprender
a soltar la última mirada

Alguien llora más fuerte.
No soy yo.
Ya no me quedan sonidos,
solo este vacío que ocupa
todo el espacio donde estabas

Los hombres se mueven despacio,
como si el tiempo pudiera deshacerse,
como si caminar más lento
te trajera de vuelta

Nadie habla.
Las palabras se rompieron hace días.
Algunos lloran. Otros miran
con ese miedo animal:
¿y si mañana fuera mi hija?

Te llevan en hombros
—tu cuerpo que ya no es tuyo,
que pesa diferente,
que se fue antes que la carne—
y el pasillo huele a flores marchitas
y a promesas que no cumplí

El sonido.
Ese golpe seco de madera
contra concreto.
Ahí quedas.
En un hueco frío
que no es cama,
que no tiene mis brazos,
que no sabe tu nombre

El obrero coloca la lápida.
Cada martillazo es una despedida
que no supe dar.
Golpe: ya no vendrás a casa.
Golpe: tu cuarto se quedó a media luz.
Golpe: aprendí que se puede morir
y seguir respirando

Todos se marchan.
Vienen a dejar algo
y se van con menos.
Yo me quedo parada
frente a tu nombre grabado en piedra
—como si las letras pudieran contenerte—
sabiendo que una parte de mí
se queda contigo en ese silencio,
y que la otra parte,
la que camina de regreso,
ya no sabe cómo se vive.

noviembre 16, 2025
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Escritos Godotte

Luz que no se apaga

by Poemas Godotte noviembre 14, 2025

Tus pasos, diferentes al ritmo del mundo, dibujaron senderos que nadie más podía ver. Hoy mis brazos se extienden en el vacío buscando la forma única de tu ser

Tu sonrisa, tesoro que el tiempo no borra, iluminaba mis días aún en la oscuridad. Tu lucha silenciosa, tu valor sin límites, me enseñaron el verdadero significado de amar

Cada desafío que enfrentaste con tu cuerpo frágil transformaba mis miedos en admiración. Tu mente, que veía el mundo a su manera, me mostró colores que nunca imaginé

Agradezco al cielo por cada instante a tu lado, por elegirme para ser tu refugio y sostén. Por permitirme conocer la fuerza que habitaba tras esos ojos que hablaban sin decir

Te busco en el silencio de tu habitación vacía, en los espacios que tu ausencia ha poblado. En cada rincón de esta casa que fue tuya y que ahora guarda el eco de tu pasado

Aunque ya no estés presente, tu esencia permanece, tu huella es imborrable. El amor que sembraste sigue creciendo como un árbol eterno, inquebrantable

Te extraño en cada respiro, en cada latido, en el amanecer y al caer la noche. Pero vivirás siempre en mi memoria, en mi corazón que aprendió a ser fuerte por ti.

noviembre 14, 2025
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El eclipse de Eurídice

by Poemas Godotte octubre 21, 2025

Dicen que algunas almas se reconocen mucho antes de encontrarse. Que vagan por el mundo llevándose, sin saberlo, un fragmento del otro. Y cuando finalmente coinciden, algo invisible suspira entre ellas, un leve estremecimiento que recuerda el principio de los tiempos

Así ocurre cuando la veo. No hay truenos, ni voces. Solo un instante suspendido que basta para quebrar las certezas y encender la ternura

Camina como si ignorara que el aire se arrodilla a su paso. Cada movimiento suyo es una plegaria que nadie ha escrito, pero todos comprendemos. Y mientras ella existe, el resto del mundo parece un rumor sin destino. Si pudiera contarle lo que encienden sus ojos, sabría que es mi constelación secreta, el círculo donde convergen mis noches y mis días

Pero ella no sabe. No comprende que esta distancia no es indiferencia, sino devoción callada. Que cada silencio mío la nombra. Que cada mirada que evito la busca. En el espejo del alma, su rostro se repite como un presagio que no se atreve a cumplirse. La amo con la discreción de un náufrago que teme asustar a la orilla

En las horas quietas, cuando la luna hunde sus raíces en el mar, mi pensamiento regresa a ella. La imagino entre penumbras, rodeada de un resplandor que no pertenece a la tierra. Me aproximo en sueños, y en cada sueño la pierdo. No hay destino más humano que amar lo inalcanzable. La veo brillar, tan lejos como una estrella, y sin embargo tan cerca que hasta mi sombra se confunde con la suya

Orfeo descendió al infierno por amor, y lo perdió todo por una mirada. Quizás yo tampoco deba mirar atrás. Quizás mi condena sea custodiar su ausencia, sostenerla entre los dedos del alma mientras el mundo sigue. Pero hay una verdad que nadie puede robarme: el amor, cuando es puro, no necesita retorno

A veces pienso que algún día sus ojos me hallarán, no por milagro, sino porque toda luz termina reconociendo su reflejo. Y entonces, tal vez, lo que hoy es un suspiro mudo se tornará palabra; el universo volverá a su equilibrio, y el temblor que ahora me habita sabrá su nombre

Hasta entonces, sigo aquí, en el umbral del deseo y la esperanza, sabiendo que mi amor es un faro que arde sin testigos. Que ella sigue sin saberlo… y que eso también tiene su forma de belleza.

octubre 21, 2025
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El Encuentro Casual

by Poemas Godotte septiembre 17, 2025

Fue cosa del destino, dicen algunos, pero yo sé que fue pura magia cuando nuestros ojos se cruzaron en esa tarde cualquiera de abril

No buscaba nada, no esperaba nada, solo caminaba entre la multitud cuando apareciste como una luz que atravesó mis sombras de golpe

Llegaste sin avisar, sin tocar la puerta, pero llenaste cada rincón vacío ,cada silencio que pesaba en mis noches, cada sueño que no sabía soñar

Antes de ti era un rompecabezas incompleto, un libro con páginas en blanco, un corazón que latía a medias, esperando sin saber qué esperaba

Ahora mis mañanas tienen sentido, mis tardes huelen a tu risa, y mis futuros se escriben en plural porque ya no me imagino sin ti

Contigo descubrí que soy único, que tengo valor, que puedo amar con esta intensidad que me asombra, que me hace mejor de lo que era

Tú, que llegaste por casualidad, te convertiste en mi certeza, en mi refugio y mi aventura, en todo lo que no sabía que necesitaba

Y ahora que te tengo entre mis brazos, entiendo por qué no funcionó con nadie más: porque mi alma te estaba guardando un lugar que solo tú podías llenar.

septiembre 17, 2025
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Tus razones

by Poemas Godotte septiembre 5, 2025

Tus axiomas, necesarios para definirte,
fundamentales para describirte,
para conocerte en la geometría exacta de tu sonrisa,
proposiciones que no necesitan demostración
porque en su sola existencia
radica la verdad de todo tu universo,
donde cada teorema que pronuncias
demuestra la belleza de lo imposible

Tus lemas son susurros
que demuestran verdades que no caben en libros,
pequeñas certezas:
el modo en que inclinas la cabeza al pensar,
la derivada de tu risa
en el punto exacto donde nuestras miradas convergen,
corolarios de miradas que se extienden
más allá de cualquier postulado

Tu teorema principal se enuncia así:
«El amor es la función continua
que mapea el conjunto de mis días
hacia el infinito de tus sonrisas»

En el espacio vectorial de tus brazos
encuentro la convergencia de mis límites,
y cada proposición de tus labios
resuelve ecuaciones que no sabía plantear

Hipótesis: si acorto la distancia entre nosotros,
entonces el límite de mi felicidad
tiende a un valor que desconozco
pero que intuyo infinito

Demostración por contradicción:
Supongamos que no existes.
Entonces mis ecuaciones no tienen solución,
mis gráficas carecen de puntos críticos,
y la integral de mis emociones
sobre el intervalo de mis días
resulta indeterminada.
Por tanto, debes existir

Eres la demostración elegante
de que el infinito tiene nombre propio,
un sistema de coordenadas perfecto
donde mi alma encuentra su origen

Corolario 1: Tu presencia es condición necesaria
y suficiente para que mi vida
tenga soluciones reales

Corolario 2: En el espacio vectorial de mis sentimientos,
tu amor genera una base ortonormal
que permite expresar cualquier emoción
como combinación lineal de tu ternura
Tus conjeturas me vuelven matemático
de lo indemostrable, del pálpito,
y en la función continua de tu risa
descubro que el amor no necesita pruebas

Tu conjunto imagen abarca
desde el cero absoluto de la ausencia
hasta el infinito de la plenitud.
Eres función biyectiva:
a cada latido mío corresponde
exactamente un destello tuyo

Las series de nuestros encuentros
convergen hacia un punto fijo
donde el tiempo se vuelve asíntota
y la eternidad, una simple constante

Lema auxiliar: Tus palabras son diferenciables
en todos los puntos de mi alma,
y su gradiente siempre apunta
hacia la dirección del crecimiento

Teorema de la completitud:
En el espacio métrico de mi soledad,
tú eres la sucesión de Cauchy
que garantiza la existencia
del límite llamado hogar

Proposición final: Si nuestro amor fuera una ecuación diferencial,
sería de primer orden, lineal,
con condición inicial en el momento
en que nuestros ojos se encontraron por primera vez

Su solución general incluye
una constante de integración
que representa todo lo que aún
nos queda por descubrir

Corolario último: En la topología del universo,
nosotros formamos un conjunto abierto,
conexo, sin fronteras,
donde cada punto de contacto
genera un nuevo espacio
de posibilidades infinitas

Porque tus razones, mujer teorema,
trascienden toda lógica formal,
y en la matriz de tus razones
se resuelve el problema de existir

Por tanto, se concluye que tus razones
son la geometría fundamental
sobre la cual se construye
la arquitectura de nuestro amor.
Q.E.D.

septiembre 5, 2025
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Escritos Godotte

Pensamiento: Sé tú

by Poemas Godotte julio 30, 2025

Todos quieren regir tu vida, de una forma u otra. Sé tú mismo, elige lo que quieras; eso sí, sin hacerle daño a ños demás, y sobre todo sin hacerte daño a ti mismo.

julio 30, 2025
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Escritos Godotte

La ilusión de la igualdad: la trampa de la uniformidad sin mérito

by Poemas Godotte julio 21, 2025

La idea de que todos somos iguales, esa que solemos dar por sentada, es un tema espinoso. Sí, claro, ante la ley y en nuestra esencia humana, compartimos los mismos derechos básicos. Nadie puede discutir eso. Pero bajo esa bandera de igualdad, a menudo se esconde una trampa, una ilusión que nos impide entender la realidad social: confundimos tener los mismos derechos con esperar los mismos resultados o privilegios. Y ahí es donde la cosa se complica

Como personas, todos tenemos un valor intrínseco. Nuestra vida, nuestra integridad, la libertad de pensar y de buscar la felicidad no admiten jerarquías. Las leyes de hoy recogen ese principio y, en teoría, nos garantizan a todos la misma protección y las mismas responsabilidades. Pero basta con bajar del papel a la vida diaria para darnos cuenta de que nadie empieza desde el mismo punto. La familia de donde vienes, tu acceso a la educación, el ambiente cultural y económico… todo eso marca un punto de partida único para cada uno

A diferencia de los derechos, que los tenemos solo por el hecho de existir, los privilegios nacen del mérito. ¿Y qué es el mérito? Pues la suma de esfuerzo, disciplina y constancia. No se trata solo de premiar el talento innato, sino de reconocer la voluntad de transformarlo en algo concreto. Por eso, el investigador que se pasa años en un descubrimiento, el profesor que forma a generaciones o el artesano que perfecciona su oficio, merecen reconocimientos y oportunidades diferentes. Esos privilegios no son un capricho del sistema, sino el reflejo de lo que cada uno aporta a la comunidad

Cada aporte humano es único, irrepetible. No se puede comparar el trabajo de un músico con el de un arquitecto, ni el de un médico con el de un empleado de comercio. Ambos trabajos satisfacen necesidades reales, pero en ámbitos distintos y con impactos diferentes. Atender una emergencia sanitaria o asegurar que tengamos comida todos los días requiere habilidades y responsabilidades distintas. Es normal que la sociedad les asigne niveles de reconocimiento y salarios diferenciados

Pero hoy en día, lo estamos simplificando todo, sin pensar en las consecuencias. Por ejemplo, muchos centros educativos, para reducir las tasas de reprobación, están bajando los estándares: relajan contenidos, dan más tiempo para las entregas y ofrecen mil oportunidades para «salvar» al alumno. El resultado no es que se salven talentos que venían rezagados, sino que se pierde esa exigencia que forja el rigor intelectual. Cuando aprobar una materia no requiere esfuerzo constante, se envía el mensaje de que el conocimiento es secundario, un simple adorno

Lo mismo pasa en el ámbito cultural. Se promueven concursos donde lo único que importa es llenar un cupo. No se busca originalidad ni pasión; basta con poner formas genéricas en un lienzo o tocar una pieza musical sin alma. Al no pedir un mínimo de talento, innovación o profundidad, perdemos la capacidad de asombro y el arte deja de cumplir su función más noble: conmover, cuestionar y elevar el espíritu

Cuando se uniforman las exigencias académicas y artísticas bajo la excusa de la «apertura», le quitamos a la sociedad referentes que inspiren disciplina y la búsqueda de la perfección. Los profesionales salen con una base superficial; los artistas crean obras intercambiables. Sin ejemplos de excelencia, los jóvenes no tienen modelos de superación que los impulsen a ser mejores.
Superar desafíos y asumir responsabilidades difíciles no solo te da privilegios: también moldea el carácter. Quien ha luchado con el álgebra, quien ha revisado decenas de bocetos antes de terminar una pintura, aprende a tolerar la frustración, a organizar su tiempo y a cultivar la paciencia. Esas son habilidades intangibles que no se miden en notas o «me gusta», pero que son la base de una ciudadanía comprometida y creativa

En este panorama donde los estándares se devalúan, han surgido grupos sin talento real o compromiso auténtico que se adhieren a causas vacías, sin fundamentos sociales, humanísticos o existenciales. No buscan un cambio verdadero, sino un espejismo de notoriedad que no podrían lograr por mérito propio. Se alían con discursos simplistas, inventan villanos difusos –un sistema, un «otro» genérico– para erigirse en héroes de un drama teatral.
Estas facciones son elevadas por una multitud sedienta de certezas: personas que, al no tener convicciones sólidas, depositan su identidad en voces que repiten consignas sin lógica. Se aferran a relatos prefabricados, incapaces de cuestionar o de indagar en la raíz de los problemas. El resultado es una legitimación mutua: el grupo sin talento consigue su tribuna; la multitud siente el alivio de ser parte de algo «verdadero»

Al seguir ciegamente a quienes solo repiten frases hechas, muchos desperdician la poca oportunidad que tienen de formar un criterio propio. Sin enfrentarse al esfuerzo de argumentar, de comparar fuentes o de razonar las implicaciones de sus convicciones, terminan con una identidad hueca: sin carácter, sin cimientos y sin la capacidad de sostener una lucha auténtica. Así, renuncian a vivir con la plenitud de una conciencia despierta y quedan atrapados en un teatro colectivo, donde el protagonista no es el individuo que piensa, sino el coro anónimo que aplaude sin preguntar

Reconocer las diferencias legítimas entre lo que cada uno aporta no significa crear castas, sino establecer una jerarquía basada en el valor real de esas contribuciones. El profesor que exige más, el artista que se autoimpone estándares elevados y el científico que se niega a publicar hallazgos mediocres merecen no solo respeto, sino las mejores condiciones para prosperar: financiación, reconocimiento público y espacios para desarrollarse.
La igualdad de verdad exige, primero, que cada persona tenga los mismos recursos para formarse; segundo, que el mérito sea la norma, no la excepción; y tercero, que el sistema premie con transparencia y justicia el talento y el esfuerzo. Solo así evitaremos el grave error de confundir la igualdad de oportunidades con la idea de que todos debemos obtener los mismos resultados. Y solo así construiremos una sociedad donde cada ser humano, libre y responsable, despliegue sus capacidades y aporte con una creatividad genuina al bien común.

julio 21, 2025
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Escritos Godotte

El Barro y los Días

by Poemas Godotte julio 13, 2025

Cada mañana, el sol no promete nada. Se limita a ascender, indiferente, como Sísifo empujando su roca por enésima vez. Nosotros, hechos de la misma arcilla que los dioses olvidaron en el río, amasamos las horas con manos temblorosas. Un día ganamos terreno; al siguiente, la tierra se abre bajo nuestros pies. No hay lógica en el fango, ni en la lluvia que lo ablanda. Solo el gesto torpe de seguir caminando

Los estoicos murmuran que llevamos el fuego dentro, pero a veces solo es ceniza que se lleva el viento. No importa. Ulises no sabía a dónde iba cuando zarpó, solo que el mar era sal y sed. Así vamos: sin mapa, sin brújula, inventando el camino con cada herida. Las cicatrices son jeroglíficos que nadie nos enseñó a leer, pero iluminan la noche siguiente

Los niños dibujan casas con chimeneas humeantes y pájaros que parecen garabatos volando hacia ninguna parte. Nosotros, que ya no recordamos cómo se dibuja la felicidad, seguimos trazando líneas en el aire. Algunas se desvanecen antes de completarse; otras se quedan suspendidas, como preguntas sin respuesta. Pero el lápiz no se detiene. Nunca se detiene. Aunque la mano tiemble, aunque el papel esté manchado de lágrimas o vino derramado

Hay días en los que el horizonte parece una línea trazada con tiza, fácil de borrar con un solo movimiento de viento. Otros, en cambio, se endurece como el basalto, y avanzamos a golpes de cincel, dejando astillas de nosotros mismos en el camino. Pero incluso esas esquirlas, diminutas e insignificantes, son testimonio de que estuvimos aquí

El espejo nos devuelve una imagen que no reconocemos del todo. Los ojos son los mismos, pero hay algo en ellos que no estaba ayer. ¿Cansancio? ¿Sabiduría? ¿O simplemente esa pátina que deja el tiempo, como el óxido en el hierro viejo? Nos lavamos la cara con agua fría, pero el reflejo persiste. Somos arqueólogos de nosotros mismos, excavando en busca de quien fuimos antes de que la vida nos enseñara a doblar la espalda

Dice Heráclito que nadie se baña dos veces en el mismo río, y sin embargo aquí estamos, mojados hasta los huesos, buscando en el agua un reflejo que ya no existe. El tiempo no fluye como un río, sino como un oleaje caprichoso: a veces nos arrastra mar adentro, otras nos escupen en la orilla, exhaustos y cubiertos de algas. Pero siempre, siempre, nos deja algo en las manos. Arena. Piedras. Fragmentos de conchas rotas. Pequeñas reliquias sin valor aparente, pero que, al apretarlas con fuerza, nos recuerdan que seguimos vivos

Las palabras que no dijimos se acumulan como sedimento en el fondo del pecho. Pesan más que las pronunciadas, porque cargan el peso de todas las posibilidades que no fueron. «Te amo», «perdóname», «no te vayas». Frases que escribimos en cartas que nunca enviamos, que susurramos a la almohada, que gritamos al vacío cuando creemos que nadie escucha. Pero el eco siempre vuelve, distorsionado, como si el universo nos devolviera nuestras palabras después de haberlas masticado

No hay destino escrito en las estrellas, solo polvo cósmico que algún día fue carne. No hay propósito, solo el vértigo de existir. Y sin embargo, nos aferramos a la ilusión de sentido como náufragos a un madero. Tal vez porque, en el fondo, sabemos que el sentido no es algo que se encuentra, sino algo que se construye. Ladrillo a ladrillo, día a día, con el barro que nos dejó la lluvia y las grietas que dejaron los que vinieron antes

En los mercados, la gente compra pan como si el mundo fuera a durar para siempre. Intercambian monedas por sueños pequeños: un kilo de manzanas, una botella de aceite, flores que morirán en tres días. Nosotros también jugamos a la eternidad, pagamos facturas, hacemos planes para el verano, como si el tiempo fuera una deuda que podemos saldar a plazos. Pero de vez en cuando, en el silencio entre una respiración y otra, recordamos que todo esto es temporal. Y entonces, paradójicamente, lo amamos más

Pero miramos atrás y vemos las huellas: nuestras, las de otros, las de los que se perdieron en la niebla. No son faros, no son respuestas. Son grietas en la roca, muescas en los árboles, señales de que alguien trepó por ahí. Algunas están desgastadas por el tiempo, casi borradas. Otras son frescas, como las llagas que aún nos duelen. Pero todas dicen lo mismo: Aquí hubo alguien. Aquí hubo lucha

Los muertos no se van del todo. Se quedan en los gestos que aprendimos de ellos, en las manías que heredamos sin darnos cuenta. Mi abuelo se rascaba la barbilla cuando pensaba; yo hago lo mismo. Mi madre tarareaba mientras cocinaba; yo tarareo sus canciones sin recordar las letras. Somos palimpsestos vivientes, textos escritos sobre otros textos, y cada generación añade una capa más a la historia que nunca terminará de contarse

Y tal vez, solo tal vez, eso baste

Hoy volveré a caer. Mañana me levantaré y amasaré el barro de otro día. No será perfecto, ni eterno. Pero será mío

Y cuando las fuerzas falten, cuando el barro se vuelva demasiado pesado para estas manos agrietadas, alguien más tomará el relevo. Porque eso es lo que hacemos: nos pasamos el barro unos a otros, como una antorcha que nunca se apaga del todo. Cada uno le da forma a su manera, cada uno deja su huella. Y en ese intercambio infinito, en esa cadena de manos que moldean y remoldean, tal vez esté la única inmortalidad que podemos alcanzar

Y si alguien, en un futuro incierto, sigue mis huellas, que no espere hallar sabiduría. Solo encontrará las mismas dudas, siempre esperando a Godot, los mismos tropiezos, la misma sangre seca en las piedras. Pero también encontrará esto: la terquedad de seguir andando, aunque el camino no lleve a ninguna parte

Porque al final, eso es todo lo que hay

El barro. Los días. Y nuestras manos, siempre laboriosas, siempre ciegas, modelando el mundo

Modelando el mundo y siendo modelados por él, en un abrazo eterno que no distingue entre escultor y arcilla.

julio 13, 2025
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Escritos Godotte

La Espera Eterna

by Poemas Godotte julio 10, 2025

Esperamos que el mundo se detenga ante nuestros pies,
que la tierra reconozca nuestros pasos como sagrados,
que el viento susurre nuestros nombres
y las estrellas reordenen sus constelaciones
para formar el mapa de nuestros sueños

Queremos tener razón siempre,
que cada argumento que construimos
sea una catedral inquebrantable,
que nuestras verdades se vuelvan universales
y que el cosmos asienta con reverencia
a cada palabra que pronunciamos

Necesitamos ser parte de algo más grande,
fundirnos en corrientes que nos lleven
hacia costas de pertenencia absoluta,
donde cada latido encuentre su eco
y cada respiración sea coro
en la sinfonía de los elegidos

Pero el cometa Halley regresa cada setenta y seis años
sin consultar nuestros calendarios,
sin preguntarnos si estamos listos.
Traza su órbita milenaria
indiferente a nuestras esperanzas,
sordo a nuestras súplicas,
ciego a nuestro llanto

Las mareas suben y bajan
siguiendo el pulso lunar,
no el ritmo de nuestros corazones ansiosos.
Los salmones remontan los ríos
hacia sus lechos de muerte y nacimiento,
ignorando que hemos construido ciudades
en las orillas de su desesperación

Las hojas caen en otoño
aunque hayamos declarado
que preferimos la primavera eterna.
Los terremotos fracturan la corteza
sin leer nuestras cartas de protesta,
sin respetar nuestros planes de felicidad

Y nosotros, pequeños arquitectos de la urgencia,
seguimos esperando que la realidad
se adapte a nuestros planos perfectos,
que el mundo gire más lento
cuando necesitamos tiempo,
que acelere cuando nos aburre la espera

Creemos que nuestro dolor debe mover montañas,
que nuestra alegría puede detener las tormentas,
que nuestro amor reescribirá
las leyes de la física

Pero los glaciares se derriten
a su propio ritmo geológico,
las galaxias se alejan unas de otras
expandiendo el universo
sin pedir nuestro permiso

El mundo no espera.
No se adapta.
No negocia

Simplemente es,
y seguirá siendo
cuando nuestras voces sean
apenas ecos en el viento,
cuando nuestros nombres
se borren de las lápidas,
cuando nuestras ciudades
sean arena y nostalgia

La sabiduría no está
en esperar que el mundo cambie,
sino en aprender a danzar
con su indiferencia sublime,
en encontrar belleza
en su obstinada permanencia,
en aceptar que somos
notas fugaces
en una sinfonía
que comenzó antes que nosotros
y continuará después

El cometa Halley volverá
en 2061,
y la mayoría de nosotros
no estaremos aquí
para saludarlo

Pero él vendrá,
puntual como siempre,
brillando su luz fría
sobre nuevos ojos asombrados
que también esperarán,
inútilmente,
que el cosmos
los reconozca
como el centro
de todo lo que existe.

julio 10, 2025
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Ramón Moya

La escritura, para quien escribe, es la catarsis del alma, tanto la propia como la ajena.

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