Poemas Godotte
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Poemas Godotte

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Escritos Godotte

De canciones

by Poemas Godotte mayo 9, 2025

Hubo un tiempo en que las cosas eran simples,
como el primer café de la mañana,
como el roce tímido de tus dedos sobre mi nuca,
como el silencio que compartíamos sin miedo,
o simplemente esa mirada cómplice
que lo decía todo cuando ya no sabíamos qué decir
En ese tiempo tú decías que esto era “Amor eterno”
y yo te creía,
como se cree en los eclipses,
en la lluvia de abril,
en los milagros cotidianos que pasan frente a uno
y no vuelven jamás
Me gustaba verte entrar entre “Burbujas de amor”,
dejar tus libros sobre la mesa,
caminar entre el bullicio del silencio,
ver tu figura impregnar la atmósfera de ti
como si tu cuerpo tuviera la capacidad de detener el mundo.
Tomarte entre mis brazos y decirte,
muy quedo, como en un rezo,
que “Tu nombre me sabe a yerba”
Cuánta emoción cada vez que lo pronunciaba,
en voz baja,
como quien acaricia un secreto,
con miedo de romper aquel momento sublime,
sagrado,
único.
Pero los días se fueron enredando,
se hicieron “Tarde”
como tus mensajes,
como tus respuestas,
como tus regresos que ya no regresaban

Y yo me sentaba frente a la ventana,
sin otra compañía que el eco de tus pasos ausentes.
Y para poder tener un poco de ti,
me embriagaba de tu boca inventada,
evocada,
imaginada,
y recordaba todo lo que “Contigo aprendí”,
mientras dejaba que la voz gastada de Manzanero
dijera lo que yo nunca supe decir
Te fuiste en septiembre,
como si hubieras nacido para eso:
para ser la “Balada de otoño” de mi historia,
para soltarme justo cuando más te necesitaba
Había algo en ti de “Lucía”,
aunque nunca lo supe con certeza,
algo que dolía bonito y mataba lento,
algo que estaba y se mantenía,
pero no era mío
“Te lo pido por favor”,
déjame saber qué era
para poder enterrarlo sin odio,
para no andar buscándote en otras bocas
donde no estás
Quise retenerte,
como quien atrasa el “Reloj”
esperando detener lo inevitable,
pero no se puede encerrar un viento,
ni amarrar a quien ya se fue sin volver la mirada
Yo solo quería,
una última vez,
verte entrar por la puerta
con tu “Costumbre” de quitarte los zapatos
y poner tus miedos junto a los míos,
como si la ternura todavía tuviera permiso
Sentarnos “Por debajo de la mesa”,
como niños que no entienden
que el amor también caduca,
y decirte, aunque fuera tarde,
que “Amarte es un placer”,
aunque haya dolido,
aunque haya ardido en la lengua
el último beso que no dimos
Pero ahora solo queda el recuerdo,
ese rincón tibio donde alguna vez reímos.
Queda lo vivido,
las caricias como paréntesis,
y hoy solo estoy “Contigo en la distancia”,
tratando de tocarte,
acariciando un espejismo,
y sin embargo,
con eso me basta para seguir
Porque tu risa tenía “Sabor a mí”,
y yo te reconocía incluso dormido,
como quien ha navegado mil veces
en la misma canción
y, aun así,
la vuelve a poner por si acaso cambia el final
Hoy escuché “Te extraño”,
y no lloré.
No porque ya no duela,
sino porque aprendí que hay dolores
que se guardan en el fondo del pecho
como una carta sin sello,
que nunca se envía,
pero tampoco se quema
En las noches aún pienso
que “Si nos dejan”,
quizás algún dios distraído,
algún azar imperfecto,
nos junte otra vez
en una playa vacía,
o en una fonda cualquiera,
o en una cama deshecha
donde puedas volver a decirme
que “La gloria eres tú”,
y yo pueda creértelo
aunque sepa que también eso es parte del espejismo
Al final,
todo esto fue una canción mal cantada,
una “Historia de un amor”
que nadie quiso escuchar hasta el final
Y sin embargo…
y aquí es donde duele más…
si me dieran a elegir,
volvería a elegirte,
aunque solo fuera para perderte otra vez.

mayo 9, 2025
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Escritos Godotte

Pensamiento: Infierno

by Poemas Godotte abril 28, 2025

El infierno que más quema, es el creado por nosotros mismos.

abril 28, 2025
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Escritos Godotte

Ensayo: La ilusión de tener razón

by Poemas Godotte abril 26, 2025

Todos los días en la mañana me levanto con la certeza de que será un día horrible. Estoy totalmente seguro que discutiré con la primera persona que encuentre en mi camino. Y no me lo estoy inventando, hoy al salir de mi casa, un vecino me saludó y me comentó que había subido el precio del arroz; además agregó que ese arroz era transgénico y que por tanto debería ser más barato, igual siguió y agregó una que otra idea de la producción mundial, y el aporte a que haya menos hambre en el mundo…yo de inmediato le indiqué que era debido a personas como él, indolentes, fascistas, lacayos de los imperios comerciales que estábamos con situaciones como esta, donde tenemos que comer alimentos que dañan el organismos, le indiqué que no es posible que hayamos pasado de comer sano, y me refiero a siglos anteriores, a tener que comer cosas que nos enferman por el solo hecho de producir más; no es debido. Le dije con un tono de autoridad que cuando a él y a su familia le diagnostiquen cáncer, no podrá quejarse, ya que con su actitud está apoyando que nos enfermemos. Aquí doy una muestra de que yo tenía razón cuando deduje que hoy tendría una discusión con alguien

El párrafo anterior es una muestra ficticia, aunque es muy posible que usted, querido lector, conozca a alguien que mantenga esa actitud beligerante, de cómo hacemos de nuestro día a día un campo de batalla, cómo nuestras ideas se hacen realidad por el simple hecho de no dudar de nuestras propias ideas

Es nuestro interés en este escrito, resaltar las actitudes, condiciones y todo lo que pueda servir para poner de manifiesto que gran parte de nuestros malhumores se basan en cómo vemos la vida, cómo nos comportamos y sobre todo, cómo nos dedicamos a tener razón por sobre todas las cosas, aunque esto signifique una vida de amargura diaria

Vivimos inmersos en una paradoja silenciosa: deseamos la verdad, pero tememos lo que implica encontrarla. Así, en vez de buscar sinceramente entender el mundo que nos rodea, nos dedicamos a construir pequeñas fortalezas de razón personal dónde sentirnos seguros. La sociedad moderna parece girar en torno a este impulso: la necesidad de tener razón, incluso a costa de la serenidad, incluso a costa de la propia felicidad

Vivimos en una época donde la necesidad de tener razón ha trascendido el debate intelectual para convertirse en un impulso vital, casi instintivo. No se trata ya de la búsqueda sincera de la verdad o del entendimiento, sino de una obsesiva necesidad de afirmación personal y social. Cada día, las personas libran pequeñas y grandes batallas no tanto por alcanzar una verdad compartida, sino para imponer una visión que les otorgue sentido, validación y pertenencia. Esta condición no solo ha deformado el diálogo social, sino que ha configurado una estructura emocional donde los problemas, más que realidades concretas, son fabricaciones de una mente que prioriza la razón propia sobre la comprensión común

La vida moderna se ha convertido en una lucha silenciosa por imponer nuestras razones. Cada palabra, cada gesto, cada decisión está teñida de una necesidad invisible: la de demostrar que tenemos la verdad, que hemos comprendido mejor que los demás cómo funciona el mundo. No se trata ya de comprender, ni siquiera de dialogar; se trata de sostener una imagen, de pertenecer, de ser validados

La mayoría de los conflictos contemporáneos, cuando se desmenuzan, muestran su verdadera naturaleza: no son problemas en sí, sino ideas torpemente concebidas, emociones mal encauzadas y expectativas infladas. Es el caso, por ejemplo, de las interminables discusiones políticas, sociales o incluso familiares, que raramente buscan soluciones reales y más bien se enraízan en el ansia de probar que uno está en lo correcto. Así, las diferencias no son diferencias reales en necesidades o aspiraciones humanas fundamentales, sino construcciones mentales, a menudo incongruentes con la realidad que compartimos. La vida misma, entonces, se torna en una disputa continua donde vencer importa más que entender, y donde la coherencia interna de nuestras ideas resulta más importante que su viabilidad externa

Cada día nos encontramos defendiendo opiniones como quien defiende una tierra conquistada. No importa si la causa tiene fundamento o si la posición que asumimos es sostenible; lo que importa es sostener la apariencia de estar en lo correcto. Y así, poco a poco, confundimos la defensa del ego con la defensa de una verdad que ni siquiera hemos explorado con honestidad

La raíz de muchos de los conflictos contemporáneos no está en la magnitud de los problemas, sino en la manera en que los concebimos. Nos enfrentamos a situaciones que, si fueran observadas con humildad, podrían resolverse con un mínimo esfuerzo, pero que bajo la presión de tener razón, se agrandan, se enquistan, se transforman en batallas personales. En realidad, muchos de los problemas que nos consumen no son más que ideas torpemente formuladas, emociones no entendidas, interpretaciones precipitadas que se aferran a nosotros como si fueran verdades absolutas

Esta forma de vivir genera un ruido constante en la mente y el corazón. Nos impide ver la realidad tal como es, porque constantemente la filtramos a través de nuestros juicios, nuestras expectativas, nuestras ansias de validación. Y, paradójicamente, cuanto más intentamos encajar el mundo en nuestras ideas, más nos alejamos de su verdad esencial

Cada día la sociedad se mueve como una marea de argumentos, de opiniones defendidas como trincheras, de certezas que más que iluminar, enceguecen. Se ha instalado entre nosotros una urgencia silenciosa, un impulso que no pregunta, que simplemente actúa: el deseo de tener razón. Y en esa búsqueda desesperada, se sacrifica la serenidad, se sacrifica incluso la felicidad, todo por no ceder, todo por afirmar que uno, y no el otro, ha comprendido el mundo

Pero cuando uno se detiene a mirar más de cerca, muchas de las cosas que creemos conflictos no son más que fantasmas. Son ideas mal entendidas, conceptos torcidos que no logran anclar en la realidad concreta. Discutimos sobre lo que debería ser, sobre lo que suponemos que es, y rara vez sobre lo que verdaderamente ocurre. No son los problemas los que nos aplastan: es la manera en que los nombramos, la manera en que nos aferramos a ellos para sostener nuestra pequeña isla de certezas en medio de la incertidumbre

En este escenario, no es extraño que el malestar psicológico prolifere. La ansiedad, la depresión, el sentimiento de vacío y el cansancio emocional que inunda nuestras sociedades no son solo enfermedades aisladas del cuerpo o del cerebro, producto de eventos traumáticos o dificultades inevitables, como a menudo se nos quiere hacer creer. En muchos casos, son el eco de una vida vivida bajo la presión constante de pertenecer, de ser aceptados, de tener razón a los ojos de los demás, de explicar una verdad propia, al margen de cualquier cosa, son el resultado de esta dependencia oculta: la necesidad de que nuestro reflejo no se rompa. De que la imagen que hemos construido de nosotros mismos no sea desmentida ni por la vida ni por el tiempo, del fracaso en sostener esa imagen idealizada de nosotros mismos ante los demás. No somos tanto víctimas de circunstancias externas, como de una guerra interna entre lo que somos y lo que creemos que deberíamos ser, sino de una guerra silenciosa, pero devastadora

La sociedad actual ha convertido la validación en una moneda de cambio emocional. Se nos enseña que para ser alguien, debemos ser reconocidos, aplaudidos, seguidos. No basta con vivir; hay que vivir de manera que otros certifiquen que estamos viviendo «bien». Y en esta búsqueda ansiosa de pertenencia, terminamos renunciando a nosotros mismos. Nos disfrazamos de lo que creemos que esperan de nosotros, aceptamos como propios dolores que no nos pertenecen, sostenemos luchas que no entendemos, solo para no quedar fuera del círculo imaginario de los que «tienen razón»

Aquí resulta inevitable recordar el antiguo mito de Narciso. Se dice que Narciso, dotado de una belleza incomparable, fue condenado a enamorarse de su propio reflejo en el agua. Incapaz de apartarse de la imagen que tanto admiraba, se consumió lentamente, incapaz de vivir más allá de esa necesidad de contemplarse y validarse a sí mismo. Su tragedia no fue solo el amor imposible hacia su imagen, sino la imposibilidad de reconocer que lo que amaba no era real: era solo una proyección, un espejismo

Hoy, como Narciso, nos miramos en el reflejo de nuestras ideas, buscando vernos a nosotros mismos en cada aprobación, en cada “me gusta”, en cada confirmación social. No vemos a los demás como otros seres humanos, ni siquiera vemos la realidad tal cual es; vemos únicamente lo que confirma nuestra autoimagen. Y así, como Narciso, terminamos atrapados, exhaustos, sedientos de una validación que nunca es suficiente, porque el reflejo no puede saciar

Pero al igual que en el mito, el reflejo no puede amarnos de vuelta. Las ideas que construimos para sostener nuestro ego, nuestras pertenencias imaginarias, no pueden alimentarnos verdaderamente. Como Narciso, terminamos sedientos junto al agua, muriendo de hambre frente a la abundancia, no porque el mundo sea cruel, sino porque elegimos vivir en la ilusión en lugar de sumergirnos en la verdad

Es necesario despertar de ese hechizo. Comprender que no estamos obligados a tener siempre razón. Que equivocarse, cambiar de idea, perder el reflejo, es también una forma de vivir más plenamente. No somos menos valiosos por no coincidir con la imagen ideal; somos más reales, más humanos

En esta dinámica, los problemas no nacen tanto de la vida misma como de las ideas mal concebidas que insistimos en cargar sobre ella. Lo que llamamos conflicto es, muchas veces, la resistencia de la realidad a encajar en nuestras expectativas. Queremos que el mundo confirme nuestras certezas, queremos que los demás aplaudan nuestras opiniones, queremos que nuestro reflejo se devuelva intacto, sin grietas, y cuando eso no ocurre, sufrimos

Esto tiene consecuencias más profundas de lo que se suele reconocer. En un nivel psicológico, la necesidad de tener razón y de pertenecer a un grupo de pensamiento termina alimentando enfermedades emocionales. Muchos cuadros de ansiedad, depresión o sensación de vacío que afectan a la sociedad contemporánea no son simples reacciones químicas o accidentes inevitables de la biología humana. Son, en buena medida, expresiones de un malestar existencial generado por el deseo insaciable de encajar en una estructura que valida nuestro sentir. La depresión no surge únicamente de la pérdida o el dolor; muchas veces, emerge cuando la narrativa que nos vendimos a nosotros mismos sobre cómo debería ser nuestra vida no se ajusta a la experiencia real. La ansiedad tampoco es siempre el miedo a lo que vendrá, sino la angustia de no poder sostener la imagen que creemos que otros esperan de nosotros

El problema, entonces, no es tanto el mundo exterior como nuestra manera de interpretarlo. No es la vida la que exige que tengamos razón, sino nosotros mismos, impulsados por un miedo ancestral a la exclusión, al error, al olvido. Hemos olvidado que el error es natural, que no comprenderlo todo es humano, que vivir no es una cuestión de ganar argumentos sino de abrazar la complejidad, la contradicción, la duda

El deseo de pertenecer, de ser parte de una colectividad que aprueba nuestras ideas y emociones, refuerza esta estructura ilusoria. No basta con vivir o sentir: necesitamos que otros validen que estamos viviendo y sintiendo «correctamente». De este modo, muchos de nuestros problemas psicológicos no nacen del contacto directo con el dolor o la adversidad, sino de una lucha interna contra nuestra propia autenticidad, forzada a adaptarse a expectativas ajenas. Queremos ser parte de un grupo, pero ese grupo exige no la verdad de nuestro ser, sino la adecuación a una narrativa colectiva que nos otorga pertenencia a cambio de obediencia

Si deseamos recuperar algo de paz, es necesario soltar la obsesión por tener razón. Dejar de ver cada interacción como un tribunal, cada conversación como un duelo, cada desacuerdo como una amenaza. La verdad no es un trofeo que se arrebata al otro; es un proceso que se comparte, una construcción lenta que exige más humildad que inteligencia

Aceptar que nuestras ideas pueden estar equivocadas no nos hace menos dignos; nos hace más libres. Aceptar que no todo problema requiere una respuesta inmediata nos libera de la ansiedad de controlarlo todo. Aceptar que el dolor no siempre necesita una explicación nos reconcilia con la vida en su forma más pura, saber que el azar está allá afuera esperando para darnos todo lo contrario a lo que esperamos, nos dará una paz que nadie puede arrebatarnos

Así, el problema no es el problema; el problema es nuestra manera de pensar el problema. Nos enfrentamos a un mundo que, en su complejidad y en su misterio, simplemente «es», mientras nosotros lo recubrimos de interpretaciones, juicios, y disputas por quién tiene razón sobre cómo debería ser. Esta distancia entre el mundo tal cual es y el mundo que fabricamos en nuestras cabezas es la verdadera raíz de gran parte del sufrimiento moderno. Hemos olvidado que no es necesario que todo encaje en nuestras categorías, que la realidad no necesita de nuestra aprobación ni de nuestra interpretación para existir

El primer paso es aprender a observar sin la urgencia de juzgar. Escuchar sin la necesidad de responder. Sentir sin la obligación de explicar. Entonces, poco a poco, la vida deja de ser una serie interminable de disputas y se convierte en lo que siempre ha sido: una oportunidad frágil y preciosa de ser, soltar la urgencia de ser aprobados. Abandonar la lucha constante por imponer una versión única de la vida. Escuchar sin el peso de responder, observar sin la prisa de juzgar, permitirnos ser tocados por el mundo sin necesidad de poseerlo

Esta forma de vivir tiene un precio que rara vez se reconoce. Detrás de la ansiedad creciente, de las depresiones silenciosas, de la fatiga que parece ya parte del aire que respiramos, no siempre hay un trauma profundo o una pérdida irreparable. Muchas veces, lo que encontramos es algo más sutil: la necesidad de pertenecer. De ser vistos, de ser validados en nuestro dolor, en nuestras dudas, en nuestras batallas internas. Queremos ser parte de algo, pero no nos damos cuenta de que ese algo exige que, antes que ser, tengamos razón. Que estemos de acuerdo. Que formemos parte de una narrativa colectiva que al final pesa más de lo que libera

Solo así, dejando atrás el espejo, podremos descubrir lo que la imagen nos impedía ver: que el agua no solo refleja, también nutre, también sostiene, también fluye. Y que vivir no es contemplar una imagen inmóvil, sino atreverse a entrar en el río, aún a riesgo de perderlo todo, para finalmente encontrarnos

Y quizá, en ese abandono voluntario de la necesidad de tener razón, descubramos algo que nunca pudimos ver mientras peleábamos: que la verdadera fuerza no está en imponerse sobre el mundo, sino en habitarlo con los ojos abiertos, el corazón dispuesto y la mente en paz

La mente, en su necesidad de ordenar el mundo, fabrica dramas donde solo había matices. La sociedad, en su necesidad de construir identidades, nos empuja a defender ideas como si en ello se nos fuera la vida. Pero la vida sigue su curso, indiferente a nuestras construcciones. No necesita que tengamos razón para seguir fluyendo. La vida es lo que simplemente es; y aunque en muchos casos podemos encausarla hacia cierto curso, como un río, la verdad es que bajo cualquier evento dicha vida irá por cualquier curso

Si queremos liberarnos, como individuos y como sociedad, tal vez el primer paso sea renunciar al imperativo de tener razón. Tal vez deberíamos aspirar, no a tener la verdad de nuestro lado, sino a ser capaces de vivir en la verdad, en esa experiencia inmediata, incómoda y a la vez liberadora de un mundo que no necesita ser explicado para ser vivido. Solo entonces los llamados «problemas» dejarán de ser trampas mentales, y empezarán a convertirse en simples invitaciones al crecimiento, al diálogo, y al ser

Tal vez sea tiempo de soltar esa carga. De mirar el mundo sin la exigencia de comprenderlo todo, sin la obligación de tener siempre una respuesta lista. Tal vez la paz no esté en vencer, ni siquiera en entender, sino en habitar la vida tal cual se nos da: imperfecta, cambiante, imposible de encerrar en una definición. Y tal vez, cuando dejemos de querer tener razón a toda costa, descubramos que muchos de nuestros llamados problemas se disuelven como niebla al sol, y que la libertad, esa que tanto buscamos, empieza justo cuando dejamos de explicar y empezamos a vivir
La vida no pide que tengamos razón; pide que estemos presentes. No somos fragmentos de un reflejo que necesita ser defendido, sino seres hechos para equivocarse, para aprender, para cambiar. Soltar la necesidad de tener razón es, en el fondo, un acto de amor propio: es liberarnos del espejo donde nos consumimos y abrirnos al río que siempre estuvo ahí, esperándonos para vivir

No somos el reflejo que defendemos, ni la imagen que otros devuelven. Somos la voz que duda, la mano que tiembla, el corazón que se equivoca y sigue. Soltar la necesidad de tener razón no es una derrota: es el primer paso hacia la verdad más profunda, esa que no necesita espejo, ni testigos, para ser real. Mientras sigamos atrapados en la urgencia de tener razón, seguiremos alejándonos de la vida misma. No vinimos a este mundo a vencer en discusiones, ni a sostener imágenes perfectas: vinimos a vivir, a equivocarnos, a aprender sin miedo. La verdad que importa no se grita, se habita.

abril 26, 2025
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Escritos Godotte

El susurro de la pérdida

by Poemas Godotte abril 21, 2025

En el silencio de la tarde, cuando la luz se retira lentamente del mundo; y las sombras se alargan como pensamientos que no quieren terminar, algo se quiebra dentro. Un suspiro se esconde entre los árboles, la esperanza se desvanece como el último rayo del día que se pierde detrás del horizonte


Se va un fragmento de vida, imperceptible pero esencial; un trozo del alma que, al partir, deja tras de sí un eco de días que ya no volverán, una nostalgia que se anida en la mirada y en la piel. El tiempo, incansable en su danza, no se detiene a preguntar, roba sin avisar, se lleva promesas aún sin cumplir, carcajadas que se apagaron demasiado pronto, sueños que apenas habían comenzado a nacer


Queda el hueco de los abrazos que no dimos, la voz que ya no se escucha en las mañanas, el roce de una presencia que se ha ido sin cerrar la puerta. Un adiós eterno se instala en el aire, pronunciado sin labios, sentido sin palabras


¿Qué somos, entonces, sino pedazos de todo lo que hemos perdido? Fragmentos dispersos de momentos que alguna vez creímos eternos. Somos caminantes en un sendero donde el amor y el dolor se entrelazan, llevando el corazón envuelto en cicatrices que nos recuerdan que sentimos, que estamos vivos, que sufrimos


Cada paso es una despedida, cada susurro guarda un lamento oculto, cada mirada contiene la sombra de un adiós, cada vida, al final, es un instante suspendido en el tiempo


Pero también; en la pérdida, hay un misterio. Un secreto leve que susurra entre las hojas y las ruinas: en la ausencia, aprendemos a ser, a detenernos, a avanzar, a convivir con el sufrimiento. En el dolor nos descubrimos. Lo que se deja atrás no muere del todo, se convierte en raíz, en semilla que duerme bajo la tierra. En ese suelo silencioso, donde antes hubo vacío, empieza a brotar algo nuevo


En cada despedida hay un germen de nacimiento. En lo que se va, hay algo que empieza a llegar. La tristeza nos educa sin levantar la voz, nos enseña a mirar de frente lo fugaz, a honrar lo bello por su fragilidad


Y así, poco a poco, comprendemos: vivir también es soltar, amar también es perder. Y en la pérdida, si sabemos escucharla, hay una susurrando entre lágrimas: que todo lo que florece, alguna vez también se quebró.

abril 21, 2025
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Escritos Godotte

Diálogo: El debate eterno

by Poemas Godotte marzo 31, 2025

Escenario: Un lugar fuera del tiempo y el espacio, donde Dios y Satanás dialogan tras milenios de historia humana

Dios: [Con voz serena] Hijo mío, has venido otra vez a debatir conmigo

Satanás: [Con frialdad] No me llames así. No soy tu hijo, nunca lo he sido

Dios: Lo fuiste desde el principio y lo sigues siendo. Aunque reniegues de mí, mi esencia está en ti

Satanás: ¿Tu esencia? [Ríe con amargura] Lo único que queda en mí es el eco de tu rechazo, de lo poco que te importaba. No soy más que la sombra que arrojaste cuando decidiste que solo la obediencia era digna de tu amor, que solo la humillación era el camino para llenar tu ego

Dios: [Con rostro de sorpresa] No te rechacé, fuiste tú quien se apartó. Tu orgullo te cegó, y aun así, nunca te he dejado de amar. Todavía sigues aquí…¿O no?

Satanás: [Con ira contenido] Si me hubieras amado, me habrías dejado libre de verdad, sin estar encadenado a este juego eterno. Pero todavía hoy, si me amaras, tendría el tan mencionado “libre albedrío”, y no estuviera mi destino escrito en tu estúpido libro de la vida

Dios: La libertad siempre conlleva consecuencias. Tú eliges ser la oposición, la prueba, el desafío. Pero incluso en la oscuridad, sigues siendo parte de mi creación. Fíjate cuantos han optado por seguir mis instrucciones, y se han redimido en el momento más oscuro, en el momento de más angustia, sin importar qué hicieron, [Levanta la voz y gesticula con dolor] aún aquellos que ofendieron al Espíritu Santo, los he perdona

Satanás: No necesito tu compasión condicionada. He forjado mi propio camino, lejos de tu supuesta luz. He logrado tener un lugar donde la libertad es real, donde todos pueden ser auténticos y no simples títeres que solo sirven para adorar a un ser egoísta, con más complejos que virtudes, un ser insaciable. Pero tu intolerancia es de tal magnitud que te has dedicado a tergiversar mis intenciones, y simplemente me has descrito como lo malo, lo perverso, lo degenerado; y aun así, los humanos me han comprendido mejor que tú. Saben que en la caída hay aprendizaje, que en la duda hay verdad, que cada uno puede decidir por sí mismo, y que no tienen que adorar a nadie por la eternidad

Dios: ¿Verdad o solo desesperación disfrazada de sabiduría? Siento frustración en tus palabras. No veo la tan mencionada libertad que ofreces. Solo veo engaños y mentiras en lo que ofreces. Conmigo saben, sin ninguna duda, qué pueden hacer y qué no. La humanidad ha sufrido, sí, pero no porque los haya condenado, sino porque la elección tiene un precio

Satanás: [Con burla] Entonces seguimos en la misma disputa. Tú ofreciendo la luz, yo mostrando la sombra. Pero Padre… ¿sigues creyendo que al final todos volverán a ti?

Dios: La historia aún no ha terminado. Ni para ellos…ni para ti

Satanás: [Desvía la mirada, pero guarda silencio.]

Dios: Desde el principio les di libertad, y con ella elegiste el camino de la rebelión. Ahora míralos… atrapados entre el bien y el mal, entre la luz y la sombra

Satanás: ¿Y qué esperabas? ¿Que eran simples marionetas, obedientes y dóciles? Yo les di la chispa de la duda, del conocimiento, el deseo de ser más. Fue tu Edén el que los mantenía en la ignorancia, sumidos en un letargo que se hacía más extenso por cada segundo

Dios: No era ignorancia, sino inocencia. Les di un paraíso, un mundo sin dolor, sin muerte. Tú sembraste en ellos la idea de que podían ser dioses, y ahora sufren por ello

Satanás: ¡Pero fue su elección!, y han sufrido, y en su sufrimiento han creado arte, filosofía, ciencia. Han aprendido a amar con intensidad porque conocen el dolor. Si hubieran permanecido en tu edén perfecto, ¿habrían descubierto la grandeza de la lucha, del sacrificio?; claro que no, lo único que sabrían hacer es tratar de llenar el barril sin fondo de tu ego, la incapacidad de ver que el otro, no importa que sea ángeles, profetas, humanos, tienen la capacidad de ser mejores, aportar, crear nuevos caminos…pero no, tú solo quieres obediencia ciega, ningún tipo de opinión, quieres que nos arrodillemos ante tu presencia, y disfrutas ver cómo tiemblan, cómo las desesperación de no saber si son los próximos en ser arrojados fuera de tu apreciada gloria

Dios: ¿Acaso crees que el sufrimiento es la única vía hacia la grandeza? Mira la historia: guerras, esclavitud, odio… todo en nombre del poder, del orgullo, incluso en mi nombre. ¿Era esto lo que querías?

Satanás: ¿Y qué hay de la compasión? ¿De aquellos que han encontrado la luz en medio de la oscuridad? Si yo fuera el único culpable, la humanidad no habría mostrado su capacidad de redimirse. Tú diste el libre albedrío, pero ellos deciden cómo usarlo, y por eso los condenas. Los condenas a una eternidad creada por ti, los tiras a un lago de fuego que no existía hasta que tú lo decidiste

Dios: Y, aun así, siempre los he amado. He guiado a quienes han querido escucharme, he inspirado esperanza donde solo había desesperación. Les he dado la capacidad de pensar para que puedan resolver sus problemas. Los guío para tomen mejores decisiones

Satanás: ¿Y qué hay de aquellos que claman tu nombre y no reciben respuesta? ¿Los niños que mueren sin haber pecado? Si eres omnipotente, ¿por qué permitir tanta injusticia?

Dios: No intervengo porque el amor verdadero no se impone. La libertad de elegir lleva consigo la posibilidad del dolor. Pero siempre dejo una puerta abierta para el retorno, para la redención

Satanás: Es una manera irresponsable de actuar. Te escudas con tu supuesto plan que tienes para todos. Imagino que la violación de una niña es parte de tu plan, igual que la muerte de miles por los terremotos, las masacres que se hacen en tu nombre. Nunca se ha llevado ese tipo de masacre en mi nombre…y supuestamente yo soy el malo [Ríe de manera sarcástica]

Dios: Todo está ordenado como debería ser, y no depende de uno solo, sino de todos. La historia aún no ha terminado, y hasta que la última alma tenga su oportunidad, seguiré esperando…

Satanás: Entonces seguiremos observando, tú y yo, como siempre

Y así, el diálogo eterno continúa, mientras la humanidad sigue su curso entre la luz y la sombra.

marzo 31, 2025
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Escritos Godotte

Los demonios

by Poemas Godotte diciembre 4, 2024

Todos tenemos algún tipo de demonio con el cual compartimos nuestra existencia. Con ellos dormimos, nos bañamos, comemos; simplemente son nuestros siameses, por ello no es debilidad reconocer su existencia; pero presumir de ellos, ya es debilidad y falta de carácter.

diciembre 4, 2024
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Escritos Godotte

No te dolerá

by Poemas Godotte septiembre 30, 2024

No te dolerá la soledad de las mañanas frías, la ausencia del rayo del sol que entrelazaba nuestros cuerpos

No sufrirás el vacío de mi presencia; no, no la sufrirás, porque nunca estuve para ti

No extrañarás esa mirada cómplice a la hora de la comida, esa mirada que todo lo decía con el simple brillo de los ojos

No echarás de menos el ramo de flores que te llegaba simplemente por que sí, porque tú existes, porque eres tú quien las adornas

No añorarás el roce de mi piel en los días fríos, en los momentos del preámbulo, en las caricias producto de la casualidad; no, porque nunca sentiste esa corriente que extremese el cuerpo con el simple roce

No te harán falta las constantes llamadas para saber cómo estás, para escuchar tu voz, para imaginar tu risa, para sentir tu respiración; definitivamente no te hará falta, porque para ello debes estar enamorada

No vas a recordar las constantes conversaciones que te hacian reir hasta llorar, esas conversaciones que se entendían hasta muy entrada la madrugada, no las podrás recordar porque no amas, no has podido amar, no te has desenamorado, no te ha dolido, no sangras con las palabras, no lloras con la tinta

En cada pensamiento, en cada verso, en cada prosa, en cada una de mis respiraciones llego a ti, y seguiré llegando a ti, hasta que te duela tanto como a mí.

septiembre 30, 2024
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Escritos Godotte

El absurdo de vivir

by Poemas Godotte marzo 8, 2024

Preguntas si vale la pena vivir…pues no lo sé; solo sé que vivo. Solo puedo decir que libro la batalla diaria de respirar en un medio asfixiante. Estamos inmersos en una decadencia continua, acelerada, anodina, basada en una igualdad inexistente, pero impuesta; impuesta por quiénes buscan subir al pináculo sin tener piernas

¿Debemos seguir aquí?, creo que sí, no porque esto sea bueno, no porque vaya a mejorar, mucho menos porque haya un mañana por nuestro comportamiento hoy; no, sino porque luchar significa que no somos como el resto, no somos insulsos, no creemos en las pendejadas de las masas. Moriré peleando por un día diferente, lucharé contra todo y todos. Haré, no 12; sino 24 trabajos para poder expiar el sufrimiento

No hay un mañana seguro, pero igual estaré en vigilia de mi ser para mejorar un poco, solo un poco, pero mejoraré; y si no mejoro, cambiaré mi estrategia y seguiré buscando, creando, luchando; coño, hasta que mis células digan ya, hasta que las Parcas decidan ya; pero hasta entonces esto es lo que tengo.

marzo 8, 2024
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Escritos Godotte

Te he imaginado

by Poemas Godotte marzo 6, 2024

Te he visto entre mis brazos, abrazada a mi pecho como quien se aferra a una rama para no caer. Te he sentido en cada parte de mi respiración, bajo el manto del deseo lujurioso que no puede ser concebido. Día a día te veo e imagino mis manos magreando tus voluptuosidades


He fantaseado contigo, sí, he imaginado tu desnudez sin inhibiciones. Pero no se trata simplemente de un acto carnal, sino de sumergirnos en un ambiente saturado de pasión, donde cada canción, cada bocado, cada palabra compartida se convierte en parte de nuestra sinfonía íntima. Es un ritual lento y delicado, donde cada beso es una pincelada que dibuja sobre tu piel, sin prisas ni interrupciones, explorando cada rincón de tu ser con la paciencia de quien descubre un tesoro oculto, como el artista ante su mayor obra. Es besar todo el cuerpo lentamente, sin prisas, sin pausas. Cada parte, el todo, sin dejar un lugar, sin dejar se saborear cada punto, cada esquina. El propósito no es llegar, aunque se llegue, es disfrutar cada momento del viaje


Me imagino adentrarnos en un mundo propio, donde el tiempo se dilata y el espacio se contrae hasta desaparecer. Es perdernos en el éxtasis de la conexión más profunda, donde nuestros cuerpos se convierten en un mapa de placeres por descubrir


Te veo en mis sueños, donde nuestras almas se entrelazan en una danza etérea, donde no existen límites ni inhibiciones, solo la pureza del deseo compartido. Te siento en cada latido de mi corazón, en cada pulsación que clama por tu cercanía, en cada suspiro que busca tu aliento. Tu presencia se entrelaza con cada aliento que tomo, tejiendo una red de deseo que se despliega sin límites ni fronteras


Imagino nuestras risas fundiéndose en un concierto de felicidad, nuestros susurros tejiendo historias de amor que perdurarán más allá del tiempo. Pienso en la suavidad de tu piel bajo mis dedos, en el calor de tus labios contra los míos, en la electricidad que surge cuando nuestros cuerpos se encuentran, en la humedad de tu ser


Así te veo, así te siento, así te imagino en este universo de ideas. Y en cada pensamiento, en cada susurro, en cada latido, sé que siempre estás, como una estrella que brilla en la oscuridad de la noche, donde uno se imagina a dios mismo sonriendo.

marzo 6, 2024
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Escritos Godotte

Pensamiento: Realidad

by Poemas Godotte noviembre 12, 2023

No importa cuánto la niegues, la realidad siempre está ahí.

noviembre 12, 2023
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Sobre mí

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Ramón Moya

La escritura, para quien escribe, es la catarsis del alma, tanto la propia como la ajena.

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