Todos somos esclavos de las circunstancias, de lo imprevisto. Por mucho que planeamos, estamos atrapados en el humor de la vida
Caminamos con seguridad sin saber que esta certeza nos esclaviza, nos oprime, nos hace creer todo lo que sentimos, todo lo que pensamos, todo lo que creemos
Somos formados con creencias de otros que mañana son nuestras, comemos lo que los demás, visitamos los lugares que nos dan libertad por referencia a otros o simplemente porque otros nos llevaron
Creamos nuestra filosofía en franco desafío a lo establecido, pero siempre apoyados en esos de quienes renegamos, utilizamos sus hombros como punto de apoyo para avistar el horizonte
Nos creemos libres dentro de nuestro entorno, compartimos nuestras ideas de decisión propia, nos regodeamos de nuestra toma de decisión al margen de los demás, pero bajo la sombrilla de aquellos que pensaron antes que nosotros
Somos esclavos de nuestra verdad. La defendemos a cualquier precio, no damos posibilidad de estar equivocados, nos encerramos en ella cual tesoro que anhelamos, y aunque nos lleve por el precipicio, seguimos creyendo en ella
Nuestros miedos nos enclaustran, nos limitan, nos construyen un camino con verjas de púas para que no salgamos de su ruta. Cualquier intento de escape rasgará la piel, dolerá, nos hará sangrar
Muchos viven en libertad, pero esta libertad no los deja hacer otra cosa, y esto la convierte en una cárcel, un ambiente que no dejaríamos, que no tenemos fuerza para evitar, que nos embriaga dentro de la supuesta autonomía; nos deja caminando un camino preestablecido sin nosotros saberlo.
